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Salamanca en mi memoria

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Huerto Calixto y Melibea

Vista de la Catedral de Salamanca desde el Huerto de Calixto y Melibea

Me disponía a buscar una noticia de Salamanca, o una nueva iniciativa turística, o algún evento cultural que bien mereciera la pena una visita a esta ciudad única en España.

Entre lo más destacado para este blog, encontré noticias sobre los papeles de Salamanca y una iniciativa para promover los conciertos en los locales de la ciudad. Pero no me apetece hablar de eso. Me apetece contar porqué la ciudad del Tormes dejó tanta huella en mi si apenas la visité unos días.

Debo confesar con pena que las pocas fotos que tenía las perdí. Mi disco duro se estropeó hace unos meses y en él se quedaron las fotos que tomé de esta ciudad.

Salamanca tiene ese algo que te envuelve, que no sabes qué es pero que haces que te sientas sumamente pequeño en ella. Tal vez es el peso de la historia, la certeza de caminar por calles centenarias que esconden leyendas que nadie te contará, la visión de una Catedral que se convirtió en el eje de la ciudad en cuyo interior resuenan rezos, gritos, susurros, golpes y besos.

Salamanca es Universidad, conocimiento y libros. Una ciudad llena de tradiciones en torno al saber, una joya entre tanta ciudad desarrollada en torno a la industria o el comercio.

Salamanca es luminosa no sólo por sus piedras, lo es por toda la literatura que inspiró y que hace que miles de personas recorran a diario sus viejas y lejanas calles de la mano del Larazillo, la Celestina o el estudiante Lope de Vega.

Tarde descubrí que me hubiera gustado vivir en Salamanca. O tal vez no, porque vivir rodeada de todo esto crearía cierta zozobra en mi interior y acabaría por volverme inmune a la belleza y el misterio de las más culta y limpia de las ciudades españolas.

Salamanca bien merece una visita, así, sin más.

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